Historia de la investigación

Aunque la Cueva del Niño ya se conocía con anterioridad por la gentes del lugar, quienes posiblemente le dieron éste nombre pensando que sus pinturas había sido realizadas por niños, el yacimiento fue dado a conocer oficialmente en mayo de 1970, cuando se informó a Martín Almagro Gorbea, conservador del Museo Arqueológico Nacional, de la existencia de pinturas rupestres en la cavidad. Éste visito el yacimiento, certificando la autenticidad y cronología paleolítica de las pinturas, y publicándolas por extenso en 1971. La publicación de sus pinturas colocó a la Cueva del Niño en el debate científico y la dotó de gran protagonismo, al ser uno de los pocos yacimientos con arte rupestre paleolítico conocidos en la Meseta en aquella época.

Dos años después, en Agosto de 1973, un equipo internacional dirigido por Iain Davidson llevó a cabo una excavación arqueológica en la cueva, documentando la existencia de un depósito arqueológico que indicaba la presencia humana en la zona desde el Paleolítico Medio hasta el Neolítico/Calcolítico. Además de la excavción arqueológica, el equipo de Davidson realizó una serie de prospecciones en la región, documentando otros yacimientos consistentes en concentraciones de materiales líticos en superficie. Estas intervenciones permitieron documentar que el poblamiento prehistórico en la cuenca media del río Mundo se remontaba al menos hasta el Paleolítico Medio.

Tras su descubrimiento y posterior excavación, las pinturas rupestres de la Cueva del Niño fueron revisadas en diversas ocasiones, como en 1978 por Javier Fortea o en 1994 y 2003 por Javier Alcolea y Rodrigo de Balbín, trabajos que se centraban fundamentalmente en la posible cronología de las representaciones y sus paralelismos con otros núcleos cantábricos, levantinos o de la Meseta. Junto a la revisión de las pinturas, se publicaron también diversos trabajos sobre el yacimiento arqueológico y los yacimientos de superficie documentados durante la campaña de prospecciones, destacando los trabajos de José Luis Serna sobre el Paleolítico Medio de la región.

Sin embargo, la infomación de que disponíamos sobre el yacimiento arqueológico seguían siendo limitada, puesto que no se habían llevado a cabo nuevos estudios desde la excavación de 1973, mientras que el arte rupestre no había sido analizado desde una perspectiva actual y empleando una metodología moderna. Por lo tanto decidimos llevar a cabo una revisión pormenorizada tanto de las representaciones parietales como del material arqueológico, además de intentar obtener una serie de dataciones, con el objetivo de determinar la cronología de las sucesivas fases de ocupación humana de la cueva, así como conocer las formas de vida y dinámicas históricas de los grupos que habitaron en ella. De esta forma pretendíamos poner en valor el yacimiento, tratando de obtener el mayor conocimiento posible del material arqueológico ya disponible, y con el objetivo último de poner dicho conocimiento al alcance de la sociedad.

En el año 2008 se llevó a cabo un primer proyecto, destinado a la documentación y estudio de las pinturas rupestres paleolíticas, a la vez que se prospectaba la cueva en busca de nuevas representaciones. En 2010 se efectuó el análisis de los restos óseos y de la industria lítica, a la vez que se llevaba a cabo un programa de dataciones. Finalmente, a lo largo de 2013 se han analizado los restos cerámicos. Parte de este material arqueológico se encontraba todavía depositado en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, lo que ha permitido su recuperación y pronto depósito en el Museo Provincial de Albacete, una vez finalizada la revisión del material arqueológico. Todos estos proyectos han sido financiados mediante el programa de Ayudas a la Investigación del Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”.