Yacimiento arqueológico

En agosto de 1973 se llevó a cabo una campaña de excavación en el yacimiento dirigida por Iain Davidson. Esta excavación se centró en tres áreas diferentes: el vestíbulo de la cueva, donde se realizaron dos sondeos denominados Panel Decorado (PPT) y Trinchera Interior (IT); la terraza frente a la boca de la cueva, donde se efectuaron las trincheras Trench 1 y Trench 2; y finalmente un quinto sondeo al pie del panel de pinturas levantinas, llamado Trinchera Arte Levantino (TAL). La secuencia estratigráfica principal del yacimiento se definió a partir de las trincheras Trench 1 y Trench 2, donde se alcanzó una profundidad de más de tres metros y donde se identificaron once estratos o niveles arqueológicos.

Fruto de esta excavación, se recuperaron 617 restos líticos, 121 fragmentos de cerámica y 1963 restos óseos. A partir de estos materiales y de la estratigrafía del yacimiento, Davidson propuso tres momentos principales de ocupación de la cueva: durante el Paleolítico Medio, mediados del Paleolítico Superior, y el Neolítico.

En el año 2010 llevamos a cabo una revisión exhaustiva y análisis de los materiales arqueológicos recuperados por Davidson en 1973, así como un programa de dataciones. Estos estudios estaban destinados a definir los periodos en que el yacimiento había sido ocupado, concretar su cronología, y definir las formas de vida de los ocupantes prehistóricos de la cueva.

Paleolítico Medio

El testimonio más antiguo de presencia humana con que contamos en la cueva del Niño procede de dos dataciones realizadas mediante el método de racemización de aminoácidos (AAR) sobre dos huesos procedentes del Nivel II de Trench 2. Las fechas obtenidas mediante estas dataciones fueron de 100.000 y 74.000 años antes del presente. Sin embargo, una datación tan antigua es contradictoria con la posición estratigráfica del nivel, ya que al ser uno de los niveles superiores, más cercanos a la superficie, debería ser también uno de los más recientes. Igualmente es contradictoria con la mayoría de los restos arqueológicos que aparecieron en este nivel, como los fragmentos de cerámica, aunque sí podrían corresponder con algunos de los útiles de piedra, de aspecto antiguo. Debido a estos problemas, de momento no puede confirmarse si la primera presencia humana en la cueva se remontaría efectivamente hasta los 100.000 años.

Por lo tanto, la evidencia más antigua documentada procede de la base de la trinchera Trench 2, el nivel XI. En este nivel se llevó a cabo otra datación por racemización de aminoácidos, que arrojó una fecha de 55.000 años antes del presente, lo que es coherente con la secuencia estratigráfica y con el material arqueológico.

Los neandertales que ocuparon la cueva en este periodo transportaron al yacimiento útiles realizados en materias primas de calidad, como raederas de tipo Quina realizadas en sílex, lo que les permitía reavivarlas o reutilizarlas como fuentes de materia prima para disponer de una segunda generación de útiles de buena calidad.

En este momento, la subsistencia estaba basada en la caza de una diversidad de mamíferos, fundamentalmente cabras y caballos, aunque también aparecen restos de otros animales como ciervos, corzos, conejos, uros e incluso rinoceronte. La captura de animales propios de entornos y nichos ecológicos diferentes, como cabras, típicas de los barrancos donde se encuentra el yacimiento, y caballos, más propios de las penillanuras que rodean el cañón del río Mundo, indica que los grupos de neandertales que habitaban la cueva del Niño explotaban diferentes ambientes para obtener sus recursos, algunos relativamente alejados del yacimiento. En estos estratos inferiores también se recuperaron restos de carnívoros, como lince y oso, aunque no está claro si éstos fueron presa de los neandertales, o si por el contrario ocuparon la cavidad una vez que los humanos la habían abandonado. Igualmente se documentó la presencia de roedores como la musaraña gris y la musaraña de campo.

Se recuperaron también varias semillas vegetales, posiblemente de almez (Celtris australis), un fruto comestible y con propiedades medicinales, común hoy día en la Sierra del Segura y ampliamente utilizado en la cocina y la botánica tradicional. Aunque no puede afirmarse con rotundidad, la presencia de este fruto podría indicar el consumo de vegetales por parte de los neandertales, a quienes se les ha supuesto en ocasiones una dieta hipercarnívora.

Raedera de sílex procedente del nivel XI de la cueva del Niño. Molar de caballo (Equus sp.) procedente del nivel XI de la cueva del Niño.

Con posterioridad a estas ocupaciones, la cueva pasa a ser usada muy esporádicamente, por lo que apenas se recuperaron restos arqueológicos en los niveles IX a V. Este menor uso de la cavidad pudo estar relacionado con un empeoramiento en sus condiciones de habitabilidad, ya que en estos niveles se documentaron plaquetas y bloques procedentes de desprendimientos del techo. El nivel V de hecho contiene grandes bloques procedentes del derrumbe de la visera de la cueva, quizá debido a un terremoto.

La cueva vuelve a ser ocupada por neandertales más tarde, a finales del Paleolítico Medio. No obstante, la fecha en torno a la que se producen estas ocupaciones no está clara. El nivel III-IV, último nivel de la secuencia estratigráfica correspondiente al Paleolítico Medio, se fechó mediante dos dataciones de Carbono-14 en unos 33.000-32.000 años antes del presente. Sin embargo, esta datación se realizó sobre el bio-apatito de dos muestras de hueso, ya que éstos no contenían colágeno suficiente. La datación mediante bio-apatito ha arrojado en ocasiones fechas más jóvenes que las dataciones convencionales mediante colágeno, por lo que la antigüedad de este nivel podría ser mayor.

La cronología de éste nivel es importante ya que varios investigadores han propuesto que el sur de la Península Ibérica habría servido como refugio para las últimas poblaciones de neandertales, después de que esta especie desapareciese de la mayor parte de Europa hace unos 40.000 años. Estos investigadores han propuesto que grupos de neandertales podrían haber sobrevivido en la Península Ibérica hasta hace unos 30.000 años, mientras que otros arqueólogos consideran que esta hipótesis se basa en datos erróneos, debido a problemas con los métodos de datación.

En cualquier caso, este nivel ofrece una imagen distinta de lo observado en momentos más antiguos. En este nivel, la industria lítica se centra en el empleo de materias primas, como cuarcitas disponibles en el entorno del yacimiento, para la fabricación de útiles, mientras que se importan algunos útiles ya preparados, como puntas musterienses. La talla in situ se documenta a partir de una serie de remontados.

De igual modo, la fauna cazada en este nivel se centra en animales del entorno de la cueva, principalmente cabras. Aunque este nivel contiene muchos menos restos óseos que los niveles inferiores, no hay evidencia de presencia de grandes mamíferos, por lo que parece que efectivamente la subsistencia se basada en el entorno estrictamente cercano del yacimiento.

En definitiva, los datos aportados por estos estudios indican que la cueva del Niño fue ocupada por grupos neandertales al menos durante el final del Paleolítico Medio, y puede que hasta una fecha posterior la desaparición del Homo neanderthalensis de la mayor parte de Europa. Parece que el yacimiento sirvió de campamento efímero y esporádico, sin que se produjera un asentamiento importante en el mismo. La cueva del Niño formaría parte de una serie de yacimientos repartidos por la cuenca del río Mundo, que conformarían el territorio por el que los neandertales se desplazarían en sus movimientos nómadas.

No obstante, el carácter efímero de las ocupaciones de la cueva del Niño se acentúa en los momentos finales del Paleolítico Medio, cuando la actividad en el yacimiento se relacionada casi exclusivamente con el entorno más cercano al mismo, y cuando ya no se incorporan ni materias primas líticas ni presas obtenidas a cierta distancia. Esto podría estar indicando una crisis en las formas de subsistencia y la organización social de los grupos neandertales que habitaban el sureste de la Península Ibérica a finales del Paleolítico Medio, lo que podría haber influido en su desaparición.

Punta musteriense procedente del nivel III-IV de la cueva del Niño.

Paleolítico Superior

Al contrario de lo que sucede para el Paleolítico Medio, apenas contamos con evidencias arqueológicas de presencia humana en el yacimiento durante el Paleolítico Superior, más allá de las pinturas rupestres paleolíticas. La secuencia estratigráfica principal, excavada en el exterior frente a la boca de la cueva, no contiene ningún nivel arqueológico que pueda asociarse al Paleolítico Superior, pasando del nivel III-IV, correspondiente Paleolítico Medio, al nivel II, que pertenece ya al Holoceno.

Los únicos datos correspondientes al Paleolítico Superior en la cueva del Niño proceden de un pequeño hogar excavado en 1973 al pie del panel principal de pinturas paleolíticas, en el vestíbulo de la cueva. Aquí, en el sondeo denominado Trinchera Interior, se documentaron los restos de un hogar, con una antigüedad de unos 27.000 años según la datación por Carbono-14 de un fragmento de hueso hallado en el mismo. Esta fecha situaría este hogar en el periodo Gravetiense, y por extensión, podría indicar el momento de realización de las pinturas rupestres, o al menos de parte de ellas. Esto demuestra que la cueva fue visitada durante el Paleolítico Superior, aunque debido a la falta de más datos arqueológicos, no podemos saber si dichas visitas se limitaron a la realización de las pinturas, o si por el contrario el yacimiento sirvió también como asentamiento en este periodo.

Neolítico

La Cueva del Niño es conocida principalmente por sus pinturas rupestres paleolíticas, de unos 27.000 años de antigüedad. Sin embargo, el yacimiento puede también ayudar a comprender uno de los periodos más importantes de la historia de la Humanidad, el origen del Neolítico, es decir, el momento en el que las sociedades humanas empiezan a desarrollar la ganadería y la agricultura, se vuelven más sedentarias o cuando aparece la cerámica. Este proceso, que está bien documentado arqueológicamente en el Levante de la Península Ibérica, es menos conocido en el interior de la Meseta. Por ello, muchos investigadores han considerado la Cueva del Niño un yacimiento esencial para comprender cómo las formas de vida neolíticas se introducen en la Meseta, ya que está situada en una de las vías de acceso natural desde el Levante hacia el interior de la Península.

Cuando se descubrió el yacimiento y se hizo el primer estudio en 1971, el investigador Almagro Gorbea ya recogió varios restos de cerámica en la superficie del yacimiento, y planteó que podría haber niveles arqueológicos correspondientes al Neolítico. La excavación de 1973, dirigida por Iain Davidson, entonces en la Universidad de Cambridge, constató la existencia de niveles neolíticos en dos zonas de excavación diferentes, y permitió recuperar una importante cantidad de restos líticos, cerámicos y de fauna. El estudio inicial de las cerámicas determinó que existían dos momentos de ocupación, el Neolítico y el Calcolítico. Unos años más tarde se recogió durante unas excavaciones furtivas una vasija en excelente estado de conservación. Ésta fue estudiada por Martí Oliver en 1988, quien la asignó al Neolítico Antiguo. Sin embargo, estos datos eran muy fragmentarios y no permitían conocer cómo habían sido las ocupaciones humanas de la cueva durante el Neolítico. ¿Qué función había tenido la cueva? ¿Qué actividades habían llevado a cabo sus ocupantes? ¿Cómo vivían? ¿Cuál es la cronología exacta del yacimiento? ¿Cuál había sido el proceso de neolitización (introducción de las prácticas típicas del neolítico, como el uso de la cerámica, la ganadería o la agricultura)? ¿Cómo habían cambiado las formas de vida con respecto a épocas anteriores, y cómo había afectado la neolitización a las poblaciones que habitaban la Sierra del Segura con anterioridad?

Para intentar responder a estas preguntas, desde el año 2010 se llevaron a cabo una serie de proyectos de investigación, y centrados principalmente en el estudio del material arqueológico recuperado en la excavación de la Cueva del Niño de 1973. También se llevó a cabo la datación del yacimiento por varios métodos (Carbono 14 y Racemización de Aminoácidos), y se revisaron las pinturas rupestres de estilo Levantino.

Para el estudio de los restos cerámicos, se analizó su forma y técnicas de manufactura, además de realizarse un análisis petrográfico destinado a conocer los minerales que habían sido usados en su producción, así como los lugares de aprovisionamiento de la materia prima o las temperaturas de cocción. El estudio constató que todos los recipientes habían sido realizados a mano, empleando en la mayoría de los casos grandes fragmentos de calcita como desgrasante. Las técnicas de cocción predominantes son la alternante y la reductora, típicas de cocciones al aire libre. La colección está muy fragmentada, lo que dificultó la identificación de formas, aunque predominan las de tipo globular, en ocasiones con asideros. Se documentó el empleo del raspado y el alisado para el tratamiento de las superficies. Los fragmentos decorados resultaron ser escasos, aunque destacan las decoraciones impresas, típicas del Neolítico inicial. También se documentaron varios restos de cerámica campaniforme, lo que confirma el uso de la cavidad en el Calcolítico. En definitiva, parece que los recipientes cerámicos de la Cueva del Niño se emplearon principalmente en el procesado o almacenamiento de alimentos, mientras que todo parece indicar que nos encontramos ante un contexto de descarte.

Igualmente se estudiaron los restos líticos (restos de útiles fabricados en roca) procedentes de los niveles neolíticos. En su mayoría se trata de útiles fabricados en sílex, gran parte de ellos son láminas o laminillas, posiblemente usadas como parte del armamento de caza. Aparecieron varios núcleos, lo que indica que posiblemente se llevaron a cabo actividades de talla en el yacimiento. También se identificaron varios mircolitos geométricos, típicos del Neolítico de la zona levantina. Sin embargo, en las Trincheras 1 y 2 aparecieron también restos líticos de aspecto más arcaico, como lascas de tipo Levallois, lo que podría indicar la inclusión de materiales más antiguos en estos niveles.

Por lo que respecta a la fauna de mamíferos, su estado de conservación era muy pobre, lo que dificultó su estudio e identificación. Las especies mejor representadas son la cabra y el conejo, aunque también se identificaron varios restos de ciervo, caballo, rebeco y un resto de cánido. Al igual que sucedía con los restos líticos, varios de estos restos, como el caballo, podrían tener una cronología más antigua y haberse mezclado con los materiales neolíticos.

Por otra parte, se documentó la existencia en el interior de la cavidad de un nivel estratigráfico muy rico en ceniza y carbones, que aparece muy cerca de la superficie por todo el vestíbulo. Este tipo de niveles son típicos de los rediles ganaderos del Neolítico y el Calcolítico, y éste podría ser su origen, aunque por el momento no ha sido posible confirmar esta hipótesis.

Una parte fundamental del proyecto era intentar concretar la cronología de las ocupaciones neolíticas del yacimiento. Se disponía de una datación por Carbono-14 realizada por Davidson en 1973 que fechaba los niveles superiores (Nivel II) de la Trinchera 2 en unos 6.000 años antes de nuestra era. Sin embargo, esta datación se realizó sobre un resto de carbón, por lo que podría tratarse en realidad de una fecha más reciente, afectada por el efecto de “madera vieja”. Para concretar la antigüedad del depósito arqueológico, se realizaron dos dataciones mediante el métodos de Racemización de Aminoácidos (AAR), así como otra datación por Carbono-14. Las dos muestras por AAR resultaron en fechas muy antiguas (100.310 y 73.810 años antes del presente, respectivamente), que reforzaron la idea de la presencia de materiales antiguos entre los niveles neolíticos de la Trinchera 2. Por su parte, la nueva datación por C-14, realizada sobre un hueso procedente de la Trinchera Arte Levantino (sin problemas de integridad estratigráfica), arrojó una fecha de entre 5.200 y 4.800 años BC. Esta datación está en consonancia con la horquilla temporal generalmente asumida para el Neolítico inicial, y probablemente corresponda con la introducción del Neolítico en la Cueva del Niño y la Sierra del Segura. A esta fecha podrían corresponder también las pinturas rupestres de Estilo Levantino, situadas justo sobre el sondeo donde se realizó la datación.

En definitiva, la revisión y estudio de los restos arqueológicos indican que hace unos 5.000 años la Cueva del Niño funcionó como un redil de ganado, destinado al pastoreo de cabras, aunque la caza seguiría siendo una actividad importante. Algunos autores, como Gabriel García Atienzar, han propuesto que el modelo de ocupación de la Sierra del Segura durante el Neolítico Inicial se habría basado en pequeñas estaciones satélite, destinadas principalmente al pastoreo estacional, vinculadas con asentamientos mayores localizados en las tierras bajas. Los datos aportados por la Cueva del Niño parecen apoyar esta idea. Así pues, la Cueva del Niño habría constituido uno de los puntos de introducción de las prácticas neolíticas en la Sierra del Segura, como la ganadería, aunque manteniendo en parte las formas de vida existentes previamente, como la caza.

Cerámica neolíticaMicrolíticos geométricos